Por qué la bajista The Smashing Pumpkins, la «más ‘cool’ de los noventa», desapareció sin dejar rastro

Sostenía la revista Rolling Stone que “para una gran parte de la población femenina de los noventa, no había estética más cool en el mundo que la suya”. La afirmación no es la enésima hipérbole periodística ávida del clic fácil. Diadema de cuernos de diablo, labios tintados de negro, tez pálida, corte bob dorado y una figura escuálida y misteriosa, pero lo suficientemente nervuda como para dominar con vehemencia el bajo de los The Smashing Pumpkins. Billy Corgan, líder de quienes fueron denominados como “la banda con más facturas de psicólogos del mundo”, incluso la calificaba como la “conciencia moral” de la formación. Durante toda una década, se paseó por estadios abarrotados convertida en la outsider más glamurosa y deificada del rock alternativo. Sin embargo, una tarde de 1999 el grupo anunció el despido súbito de la guitarrista amparándose en una drogadicción incontrolable. Ella desapareció sin dejar huella. Casi 20 años después, con motivo de la reunión del cuarteto original de The Smashing Pumpkins, Wretzky volvió a dar señales de vida. Estaba retirada de la música, vivía en una granja, entrenaba caballos y practicaba artes marciales. Decía estar “mucho más sana y en mejor forma que cualquiera de ellos” y aprovechó para contar la –su– verdad sobre una de las enemistades más enconadas, controvertidas y prolongadas del panorama musical.

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