No cultives más tierra que la que puedas cuidar tú mismo

Aunque la fertilidad de la tierra le parecía al escritor August Strindberg (Estocolmo 1849-1912) infinita “si uno la sabe utilizar sabiamente”, Non multa sed multum: poco pero bien fue la conclusión a la que llegó tras intentar cultivar un jardín en diversos lugares y épocas del año. La regla fundamental —¡no cultivar más tierra que la que puedas cuidar tú mismo!— la aprendió fascinado ante la contemplación del crecimiento de las plantas. También asombrado con el conocimiento que se deriva de esa contemplación —aprender a ubicarlas, a fortalecerlas o a proteger las semillas solo observando—. Y por supuesto, equivocándose. Entusiasmado con ampliar sus cultivos, y agotado de hacerlo solo, empleó a un mozo de una granja, “un hombre eficaz, pero que no hacía otra cosa que arrancar las matas de hierba”. Probó con una sirvienta, pero ella pasaba la jornada recolocando las matas arrancadas. Se fijó en que solían enviar a los niños a arrancar las malas hierbas, pero los chavales se dejaban enterradas las raíces más vivaces, las que favorecen el crecimiento de las malas hierbas.

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