Los ciervos

El primer día de las vacaciones con mi hijo le conté que, a veces, a las afueras del pueblo se podían ver ciervos. Como a tantos niños, le encantan los animales y despertarle este pequeño propósito era una forma de intentar amortiguar el desbarajuste que desde hace unos años supone que tenga el verano partido en dos. Cuando está en el punto álgido en una parte, le toca abandonar ese estado, subirse a un coche y resituarse en la otra parte, conmigo o con su madre. Y ya se sabe que a nadie le gusta que le apaguen la música cuando el bar está en pleno jolgorio. Tampoco a un niño cuando está en pleno verano con sus primos.

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