La federación asume las primeras demandas de las futbolistas: Montse Tomé seguirá en el cargo, pero habrá una nueva dirección deportiva

Una llamada, un plante, un tuit de Alexia Putellas, Balón de Oro y líder indiscutible, con un comunicado adjunto, una vía de diálogo. Y horas y horas de negociación para intentar resolver en unos días una crisis que se abrió hace un año. Cuando un puñado de futbolistas quisieron advertir de que algo no iba bien en el fútbol español jugado por mujeres. No se sentían respetadas ni escuchadas. Tiraron un pulso. Y lo perdieron. 12 meses y una estrella en el pecho después, las campeonas del mundo se agarraron al gesto más inesperado y fácilmente criticable para retomar sus exigencias. El beso que le estampó Luis Rubiales, entonces presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), a la jugadora Jenni Hermoso, hizo prender la mecha. Y ahora, un mes después, las futbolistas se niegan a enfundarse la Roja mientras no logren sus objetivos: un cambio profundo en las estructuras del fútbol español.

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