Juan Carlos I vuelve a Wight, la isla inglesa donde se gestó la ‘maldición’ sanguínea de los Borbones

A los cortesanos de Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos I, no les entusiasmaba la idea de que el rey de España se casara con Victoria Eugenia de Battenberg. La princesa, nieta de la reina Victoria de Inglaterra, era anglicana, no hablaba español y, a ojos de la rancia corte alfonsina, tenía un rango inferior al monarca. También la veían demasiado moderna y mundana. Y estaba la cuestión de la hemofilia, una enfermedad de la sangre que acechaba a la familia real británica y que corría por las venas de Victoria Eugenia y dos de sus hermanos varones. En el Palacio Real de Madrid nadie quería que la princesa Ena fuera reina, a excepción del propio Alfonso XIII, que se salió con la suya e hizo público el compromiso en febrero de 1906. A comienzos de mayo de ese año, tres semanas antes de que se celebrara la boda en la madrileña iglesia de San Jerónimo el Real, el rey visitó de incógnito la isla de Wight, en la costa sur de Inglaterra, donde su prometida había pasado parte de su infancia y juventud. El abuelo del rey emérito llegó en su yate, el Giralda, y recorrió con Ena el castillo victoriano de Osborne House, donde ella se había criado.

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