Evenepoel gana, se pone líder y se parte la cara en la meta

Más ceñudo que nunca, aunque se le suaviza el gesto después, Remco Evenepoel, que no quiere ser el mono del circo, sentado en el suelo, consigue quitarse el casco con la ayuda de un auxiliar, y descubre un rostro bañado por la sangre que le mana de la ceja. Su arranque en seco, que solo Vingegaard intenta neutralizar, le da unos metros de ventaja en los últimos cien de la etapa. Agarrado a la parte alta del manillar, el latigazo es suficiente para ser el primero en la meta y vestirse de rojo otra vez. Se golpea el pecho, las manos sueltas, y gira cuesta abajo cuando por el camino se le cruza la auxiliar de otro equipo. Chocan y se van al suelo, Remco con un volatín por encima de su bicicleta.

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