El horror y la indiferencia ante las llamas en Grecia conviven puerta con puerta

Jristos es un agente forestal jubilado que conoce como la palma de su mano los montes del Parque Nacional de Dadiá, en la provincia griega de Evros. Conduce su coche particular hasta el frente del incendio, que se extiende por el bosque hasta donde alcanza la vista y que es ya el mayor registrado nunca por la UE. En este punto las llamas avanzan lentas porque el viento sopla en dirección hacia la parte ya quemada. No hay bomberos cerca. Los esfuerzos se concentran en otros puntos donde el fuego avanza a mayor velocidad. Jristos mira con impotencia. “¿Qué hago? ¿Cojo una rama y golpeo? No serviría de nada”, se dice a sí mismo. El agente forestal da cifras escalofriantes: han ardido 52 kilómetros cuadrados de pino salgareño, es decir, casi todos los ejemplares grandes, y ahora la amenaza se cierne sobre otros ocho de la variedad más pequeña de estos árboles, donde se concentran los panales de abejas, una de las fuentes de riqueza de la zona. “Si cambia la dirección del viento estamos perdidos”, advierte.

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