El espionaje ruso devuelve el recuerdo del Berlín de la Guerra Fría

Cuando Berlín estaba dividida por el famoso muro, tenía la fama de ser la capital de los espías del bloque comunista del Este y también del Occidente democrático y capitalista. Esta realidad parecía estar condenada a acabar en leyenda cuando el telón de acero se vino abajo, poniendo fin a la Guerra Fría. Pero la ciudad, convertida en capital de la Alemania reunificada, no perdió su atractivo para los servicios secretos. Hasta el punto de que, hace ocho años, el entonces jefe de la Oficina de Defensa de la Constitución (BfV), los servicios de contrainteligencia del país, Hans-Georg Maassen, llegó a calificar la ciudad como una moderna, activa y floreciente “capital del espionaje de Europa”.

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