Cuando la familia da un paso al lado para relanzar el negocio

Uno de los personajes más célebres de la prolífica historia de la industria farmacéutica en Cataluña, Joan Uriach Marsal, también fue, metafóricamente, jardinero. Llevó a cabo lo que se conoce como “la poda del árbol”: compró todas las acciones que se habían quedado en manos de primos, sobrinos y tíos y volvió a concentrar la propiedad de la empresa familiar en un solo núcleo. La dispersión del accionariado era tan grande como larga la historia de la compañía, que empezó en 1838 en un pequeño local del barrio del Born en Barcelona. Con la compra de las acciones, el doctor Uriach, representante de la cuarta generación al frente de estos laboratorios —cuyos propietarios han mantenido el apellido de la empresa por arte y magia de la tradición del hereu, dejar la empresa solo a los hijos varones— pasó a ser como una nueva primera generación. Pero su visión no terminó aquí, ya que abrió la puerta a que la familia propietaria dejase los puestos de gestión, una tendencia a la que otras históricas farmacéuticas catalanas se han ido sumando en los últimos tiempos.

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